(No una versión incompleta de un adulto)
Por Dra. Flavia Mansulino Pediatra, Intensivista. Asistente de Cátedra Medicina del Deporte. Diplomatura Medicina Deportiva Pediátrica. Médico AUF.
Donde Medicina y Deporte crecen juntos
Todos hablan de especialización temprana versus multilateralidad. De cuántas horas debe entrenar un niño. De qué edad es apropiada para la competencia. Pero casi nadie habla de lo fundamental: un niño de 8 años no es un adulto en desarrollo. Es un ser perfectamente diseñado para tener 8 años.
Y cuando comprendemos esto, verdaderamente, todo el entrenamiento cambia. Porque dejamos de preguntarnos 'qué le falta para ser como un adulto' y empezamos a preguntarnos 'qué está perfeccionando su cuerpo en este momento que será fundamental más adelante.
La perfección de cada etapa
Un niño de 8 años tiene un cerebro extraordinario. Su capacidad de atención sostenida de 15 minutos no es una limitación - es exactamente el diseño óptimo para maximizar el aprendizaje motor en esta etapa crítica. Esas ráfagas cortas e intensas de concentración son el mecanismo perfecto para absorber patrones de movimiento fundamentales. Su cerebro está en el pico de plasticidad neuronal de toda su vida. No le falta nada. Está completo para este momento.

Su coordinación, que a veces llamamos 'torpe', es en realidad un sistema propioceptivo sofisticado aprendiendo a mapear un cuerpo que cambia constantemente. Esa 'imprecisión' es precisión en formación. Cada movimiento que parece menos pulido que el de un adulto está construyendo conexiones neurales que durarán toda la vida. No está aprendiendo a moverse bien. Está aprendiendo a aprender movimiento. Y eso es infinitamente más valioso.
Y sus músculos, que 'no crecen' con el entrenamiento de fuerza como los de un adolescente, están haciendo algo aún más extraordinario: están ganando fuerza por adaptación neural pura. Pueden mejorar 30 a 50% su fuerza en 8 semanas sin cambiar de tamaño, simplemente porque su cerebro aprende a reclutar mejor las unidades motoras. Es una capacidad que los adultos perdemos. Es un superpoder temporal.
"Cada etapa del desarrollo tiene su propia genialidad. Nuestra tarea no es acelerar el paso a la siguiente. Es honrar y optimizar la actual."
Lo que realmente estamos construyendo
Aquí está lo fascinante: cuando respetamos las capacidades únicas de cada etapa, no solo optimizamos el rendimiento presente. Estamos construyendo algo mucho más profundo: la relación fundamental que ese niño tendrá con su propio cuerpo durante los próximos 60 u 70 años. Piénsalo así. Si entrenas a un niño de 8 años respetando que su cerebro aprende mejor en sesiones cortas, que su coordinación está en pleno desarrollo, que sus músculos responden por mecanismos neurales únicos, ¿qué mensaje está internalizando? 'Mi cuerpo es increíble.
Cuando me concentro intensamente por períodos cortos, aprendo rápido. Cuando practico, mi coordinación mejora visiblemente. Cuando entreno, me vuelvo más fuerte de maneras que puedo sentir.' Estás enseñándole, a nivel visceral, que su cuerpo es un aliado brillante. Y ese niño, que desarrolla confianza corporal profunda en la infancia, que aprende que su cuerpo responde positivamente al movimiento, que construye competencia motriz sobre bases sólidas, tiene muchas más probabilidades de seguir activo décadas después. No porque 'le guste el deporte'. Porque confía en su capacidad de moverse.
El desarrollo deportivo, cuando se hace bien, no es preparación para competir. Es la construcción de una relación de confianza entre un ser humano y su propio cuerpo. Y esa relación, una vez establecida, se convierte en uno de los activos más valiosos para toda la vida.

Entonces, ¿cómo aplicamos esto?
Primero, cambiamos la pregunta fundamental. No es '¿qué le falta a este niño?' sino '¿qué está perfeccionando su organismo en este momento preciso?' No es '¿cuándo podrá hacer esto?' sino '¿qué capacidades únicas tiene ahora que debemos aprovechar?'
Segundo, reconocemos que adaptar el entrenamiento a las capacidades específicas de cada etapa no es 'simplificar' o 'bajar el nivel'. Es precisión. Un niño de 8 años entrenando 15 minutos en ejercicios multilaterales que aprovechan su plasticidad neural máxima está invirtiendo brillantemente en su futuro. No está haciendo 'menos'. Está haciendo exactamente lo correcto.
Y tercero, entendemos que cuando evaluamos médicamente a un niño, estamos descubriendo su momento único de desarrollo. Cada niño llega con su edad cronológica en el certificado de nacimiento, pero su edad biológica - sus capacidades reales, sus necesidades específicas, su momento óptimo para cada tipo de estímulo - solo se revela cuando miramos con atención.
El niño no necesita convertirse en adulto para ser completo. Ya es completo. Solo necesita que veamos y honremos esa completitud.
EL MAPA QUE LLEVAMOS DENTRO
(Y por qué mirarlo cambia todo)
Medimos el tiempo de entrenamiento. Contamos los goles. Registramos las victorias. Evaluamos la técnica. Pero rara vez miramos el mapa más importante: el que cada niño lleva inscrito en su propio desarrollo, y que nos dice exactamente qué necesita en cada momento.
Y sin embargo, ahí está toda la información que necesitamos. Cada centímetro que crece, cada cambio hormonal, cada ajuste en su coordinación, es una señal clara diciéndonos cómo optimizar su entrenamiento. No estamos descifrando un misterio. Estamos aprendiendo a leer un lenguaje que el cuerpo habla constantemente.
La edad que realmente importa
Dos niños de 12 años entran a mi consultorio. Martín y Santiago. Misma edad en el calendario, mismo club, misma posición. Los entrena el mismo entrenador con el mismo programa. Pero cuando los evalúo médicamente, descubro algo fascinante: el cuerpo de Martín tiene una edad biológica de casi 14 años. El de Santiago, de apenas 10.
Esto significa que Martín ya atravesó gran parte de su transformación puberal. Sus huesos están más mineralizados, sus músculos responden con hipertrofia al entrenamiento de fuerza, su sistema cardiovascular está en plena expansión. Santiago, por otro lado, está en plena niñez biológica. Sus adaptaciones son puramente neurales, sus placas de crecimiento están construyendo activamente nuevo hueso, su cerebro está perfeccionando coordinación fundamental.
Y aquí está lo hermoso: ambos están exactamente donde deben estar. No hay uno 'adelantado' o 'atrasado'. Hay dos organismos perfectamente calibrados para su momento único de desarrollo. El desafío no es hacerlos iguales. Es honrar sus diferencias y entrenar a cada uno según su realidad biológica.
La edad cronológica nos dice cuándo nacieron. La edad biológica nos dice quiénes son en este momento. Y solo la segunda puede guiar un entrenamiento verdaderamente personalizado.
La oportunidad que no podemos perder
Pero aquí está lo que realmente me emociona: cuando empezamos a leer este mapa del desarrollo, no solo evitamos lesiones. Descubrimos ventanas de oportunidad extraordinarias.
Cuando un niño crece 8 centímetros en 6 meses - lo que llamamos el Pico de Velocidad de Crecimiento - su cuerpo está haciendo algo asombroso. Está construyendo más del 50% de su masa ósea pico. Está reorganizando su mapa corporal. Está invirtiendo una cantidad enorme de energía en transformarse. Este es un momento de extraordinaria construcción biológica.
Y cuando lo reconocemos, podemos responder brillantemente. Es el momento perfecto para enfocarnos en estabilidad central, para refinar patrones de movimiento antes de que se 'graben' en el nuevo cuerpo más largo, para asegurar que la densidad ósea que está construyendo sea óptima. No es un momento para reducir porque 'no está rindiendo'. Es un momento para redirigir porque está construyendo fundamentos para los próximos 60 años.
Valentina, la nadadora que 'ya no rendía como antes', estaba en realidad en medio de esta transformación extraordinaria. Cuando ajustamos su entrenamiento para honrar lo que su cuerpo estaba construyendo - redujimos volumen 20%, priorizamos core y técnica, optimizamos su sueño - seis meses después no solo recuperó su rendimiento. Lo superó. Con una base más sólida que nunca.
El mapa del desarrollo no nos muestra problemas a solucionar. Nos muestra oportunidades a aprovechar. Solo necesitamos aprender su lenguaje.

Entonces, ¿cómo empezamos a leer este mapa?
No necesitamos tecnología sofisticada para comenzar. Una cinta métrica, una tabla de crecimiento, y sobre todo, atención. Registrar la estatura sentada versus la total mensualmente. Observar cambios en coordinación que coinciden con estirones. Notar cuándo un niño 'rinde menos' justo cuando está creciendo más rápido. Estar dispuestos a ajustar el plan cuando el cuerpo nos muestra que está en un momento diferente.
El monitoreo del crecimiento no es control médico burocrático. Es escucha atenta. Es aprender a leer las señales que el cuerpo emite constantemente. Cada centímetro, cada cambio, cada ajuste en el movimiento, es información valiosa indicándonos cómo optimizar.
Y cuando empezamos a escuchar, todo se ilumina. Ya no vemos 'bajo rendimiento temporal', vemos un cuerpo invirtiendo sabiamente su energía en crecer. Ya no vemos 'distracción', vemos un cerebro funcionando en su modo óptimo de aprendizaje por ráfagas. Ya no vemos 'torpeza repentina', vemos un sistema propioceptivo actualizándose brillantemente a un cuerpo nuevo.
El mapa está ahí
Cada niño lo lleva consigo. Y cuando aprendemos a leerlo, podemos acompañar su desarrollo con precisión, respeto y asombro.
Porque al final, la diferencia entre un niño que construye una relación sólida con el movimiento y uno que abandona, muchas veces está simplemente en si alguien se tomó el tiempo de mirar su mapa único y honrarlo.
Dra Flavia Mansulino – Mujer , hija, madre , esposa , abuela , profesional de la Medicina .
Donde medicina y deporte crecen juntos.
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Dra. Flavia Mansulino dirige Salud Deportiva Infanto Juvenil 360,
Centro especializado en el desarrollo integral de niños y adolescentes a través del deporte.

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