La Pregunta Que Deberíamos Hacernos Primero.
Por Dra. Flavia Mansulino Pediatra, Intensivista. Asistente de Cátedra Medicina del Deporte. Diplomatura Medicina Deportiva Pediátrica. Médico AUF.
Donde Medicina y Deporte crecen juntos
Cuando la solución tradicional podría estar resolviendo el problema equivocado
La escena se repite cada semana en mi consulta. Una madre entra con su hijo de 7 años, preocupación genuina en su mirada. "Doctor, mire cómo tiene los pies. Me dijeron que necesita plantillas urgente, que si no va a tener problemas de columna." El niño, mientras tanto, acaba de correr por toda la sala de espera sin mostrar molestia alguna.
Aquí comienza una conversación que va mucho más allá de pies planos. Estamos ante uno de esos momentos donde la medicina, la cultura y las expectativas familiares se encuentran. Y donde, curiosamente, lo que no se ve es más revelador que lo que aparece en la superficie.
El patrón invisible: cuando tratamos la preocupación en lugar del niño
Hay algo fascinante sucediendo en el mundo de la medicina pediátrica que raramente se discute abiertamente. Durante años, cientos de miles de familias han invertido en plantillas ortopédicas para sus hijos. Sin embargo, cuando analizamos los datos de las investigaciones más rigurosas del mundo —y aquí me refiero a revisiones sistemáticas de Cochrane, el estándar de oro en evidencia médica— encontramos algo inesperado: las plantillas no solo carecen de evidencia sólida de efectividad, sino que en algunos casos, los niños sin plantillas mostraron mejores resultados.

La revisión más completa analizó 16 estudios con más de 1,000 niños. Los números revelan una historia incómoda: 79% de los niños sin plantillas no tenían dolor. Más aún, las tasas de abandono por efectos secundarios fueron mayores en quienes usaban plantillas.
¿Cómo es posible que una práctica tan extendida tenga estos resultados?
La dimensión oculta: lo que el mercado no quiere que veamos
Aquí está el insight que transforma completamente cómo pensamos sobre este tema. El uso masivo de plantillas no es primariamente un fenómeno médico.
Es un fenómeno socio-económico y cultural.
Piénsalo así: cuando la industria ortopédica genera ingresos estimados en miles de millones de dólares anuales solo en plantillas pediátricas, cuando existe una infraestructura completa de clínicas,
tecnología de escaneo 3D y profesionales cuyo sustento depende de estas prescripciones, estamos ante un sistema que tiene inercia propia.
Un sistema donde cuestionar la práctica significa cuestionar modelos de negocio establecidos, protocolos arraigados y, para muchas familias, desafiar lo que "todo el mundo hace".
La pregunta incómoda es: ¿estamos medicalizando variantes normales del desarrollo porque se ha construido toda una economía alrededor de ello?
No sugiero conspiración ni mala fe. Sugiero algo más sutil: tradiciones médicas que persisten por inercia institucional, combinadas con preocupaciones parentales legítimas que el mercado ha aprendido a monetizar.

El desarrollo natural: la inteligencia que estamos interrumpiendo
Hay algo profundamente elegante en cómo la naturaleza diseñó el desarrollo del pie humano. Todos los bebés nacen con pies que parecen planos. Es parte del diseño. Tienen almohadillas grasas que protegen estructuras en crecimiento, ligamentos deliberadamente laxos que permiten la adaptación, músculos que aún no han encontrado su fuerza.
Y luego algo extraordinario sucede: a medida que el niño camina, trepa, salta y explora su mundo, el pie se transforma a sí mismo. Los estudios longitudinales que siguieron a cientos de niños durante años muestran que esta transformación ocurre de manera natural y predecible, independientemente del tipo de calzado o intervención.
El 45% de preescolares tienen pies que lucen planos. Para los 10 años, solo el 15% mantiene esa apariencia. Y aquí está lo crucial: hasta el 20% de adultos mantienen pies planos funcionales y completamente asintomáticos.
El pie "perfecto" es un concepto más estético que funcional.
Cuando colocamos plantillas rígidas en pies en desarrollo, potencialmente estamos interrumpiendo un proceso inteligente de auto-organización. Las plantillas hacen la suela más rígida, lo cual inhibe el desarrollo muscular natural que el pie necesita para fortalecerse. Es como poner un yeso preventivo: puede dar sensación de "corrección", pero a costa de debilitar el sistema que debería estar fortaleciéndose.
El framework que transforma la conversación: las tres preguntas esenciales
He desarrollado un marco simple que ayuda a las familias a navegar esta decisión. Lo llamo El Triángulo de Decisión Pediátrica, y consiste en tres preguntas que siempre deberían hacerse antes de cualquier intervención:
1. ¿Hay un síntoma real o solo una preocupación estética? Si tu hijo corre, juega y vive sin dolor o limitación, probablemente no haya un problema médico que tratar.
2. ¿La intervención propuesta respeta o interrumpe el desarrollo natural? Los mejores tratamientos pediátricos acompañan el desarrollo, no lo fuerzan.
3. ¿Estamos resolviendo un problema actual o tratando de prevenir un futuro hipotético? La medicina preventiva es valiosa cuando hay evidencia clara. Sin ella, puede ser intervención innecesaria.
Cuando aplicas estas tres preguntas al tema de las plantillas en niños menores de 12 años sin síntomas, la respuesta suele volverse clara.
Las excepciones importantes: cuando sí considerar intervención
La medicina basada en evidencia no dice "nunca usar plantillas". Dice "usarlas selectivamente y con criterio claro". Hay situaciones donde las plantillas tienen un papel legítimo:
Dolor persistente y documentado que limita la vida del niño. No molestias ocasionales que todos experimentamos, sino dolor que interfiere con sus actividades.
Pie plano rígido, donde el arco no aparece ni siquiera cuando el niño se para en puntillas. Este es un hallazgo estructural diferente al pie plano flexible común.
Discrepancias anatómicas reales de longitud de piernas, documentadas con imaging médico apropiado, no solo observación visual.
Condiciones neurológicas asociadas que afectan el tono muscular o el patrón de marcha.
Fuera de estas situaciones específicas, la evidencia sugiere que estamos tratando algo que no necesita tratamiento.

La dimensión psicológica: el costo invisible
Algo que raramente se discute es el impacto psicológico de medicalizar a un niño sano. Cuando le colocamos plantillas a un niño que está perfectamente bien, le estamos enviando un mensaje sutil pero poderoso: "hay algo mal contigo que necesita ser arreglado".
He visto en consulta cómo algunos niños desarrollan autoconciencia excesiva sobre sus pies, rechazo a actividades donde otros puedan ver sus plantillas, o incluso ansiedad sobre su cuerpo. La investigación documenta problemas psicológicos relacionados con la autoimagen en algunos niños que usan plantillas sin necesidad real.
Compara esto con el mensaje alternativo: "Tus pies están desarrollándose perfectamente. Son únicos, como tú, y se están fortaleciendo cada día que juegas y te mueves."
El mito de la corrección postural: desenredando la confusión
Aquí llegamos a uno de los malentendidos más costosos. Muchas familias reciben plantillas con la promesa de que "corregirán la postura" o "prevendrán escoliosis". La evidencia es categórica: esto no es cierto para la vasta mayoría de los casos.
La escoliosis idiopática —el tipo más común— representa el 80-90% de todos los casos de escoliosis en niños. Es una condición de la columna vertebral, no de los pies. Las guías clínicas internacionales son absolutas: no se trata con plantillas. Los tratamientos establecidos son observación, corsé vertebral para curvas moderadas, o cirugía para curvas severas.
La excepción genuina es la escoliosis funcional asociada a discrepancia anatómica real de longitud de piernas. Pero esto requiere evaluación especializada, imaging apropiado, y es una fracción minúscula de los casos donde se prescriben plantillas "para la postura".
El cuerpo humano es un sistema complejo. La postura está determinada por múltiples factores: fuerza del core, control neuromuscular, equilibrio, propiocepción, e incluso factores emocionales. Pensar que modificando pasivamente el pie vamos a cambiar todo el sistema es reduccionismo que ignora esta complejidad.
Lo que sí funciona: el poder del movimiento natural
La ironía es que tenemos intervenciones efectivas y sin costo que fortalecen el desarrollo natural del pie. Estudios demuestran que niños que caminan descalzos desarrollan pies más fuertes, mejor equilibrio y menor incidencia de pie plano persistente.
Las recomendaciones basadas en evidencia son refrescantemente simples: permitir que tu hijo camine descalzo en casa y en superficies seguras, elegir calzado flexible que permita el movimiento natural del pie, fomentar actividades que desafíen el equilibrio, y confiar en que la naturaleza sabe lo que está haciendo.
Para los casos excepcionales de dolor del crecimiento —esas molestias nocturnas en piernas que preocupan a muchos padres— la ciencia es clara: estiramientos regulares, masajes y calor son más efectivos que plantillas. El dolor del crecimiento es un proceso benigno que se resuelve solo con el tiempo.

La invitación a pensar diferente
Este tema nos invita a reflexionar sobre algo más grande: cómo navegamos la crianza en una era de sobremedicación, donde la industria ha aprendido a monetizar la ansiedad parental normal.
¿Y si la mejor medicina para la mayoría de nuestros hijos es menos intervención y más confianza en su desarrollo natural? ¿Y si nuestro rol como padres y profesionales no es "corregir" variantes normales, sino acompañar procesos inteligentes que están desplegándose exactamente como deben?
No estoy sugiriendo negligencia médica. Estoy sugiriendo discernimiento. Estoy invitando a hacer las preguntas difíciles antes de intervenir. Estoy proponiendo que consideremos si estamos resolviendo un problema real o tratando nuestra propia necesidad de "hacer algo".
Los pies de tu hijo son perfectos para el momento de desarrollo en que se encuentran. Si no hay dolor, si hay movimiento libre, si hay alegría en el juego, entonces probablemente no hay nada que necesite ser arreglado.
A veces, la mejor medicina es el coraje de no intervenir.
Para llevar a casa
Consulta al médico si:
Tu hijo presenta dolor persistente que limita sus actividades
Hay hinchazón, enrojecimiento o cambios en la piel de los pies
El pie luce rígido (el arco no aparece ni en puntillas)
Hay cojera o cambios en el patrón de marcha
Promueve el desarrollo natural:
Tiempo descalzo en casa y superficies seguras
Actividades variadas: correr, saltar, trepar, equilibrarse
Calzado flexible con espacio para los dedos
Confianza en el proceso de maduración natural
Haz las preguntas esenciales:
¿Hay un problema real o solo una diferencia estética?
¿La propuesta respeta o interrumpe el desarrollo?
¿Estamos tratando síntomas actuales o temores futuros?

Dra Flavia Mansulino – Mujer , hija, madre , esposa , abuela , profesional de la Medicina .
Donde medicina y deporte crecen juntos.
Próximamente...
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Dra. Flavia Mansulino dirige Salud Deportiva Infanto Juvenil 360,
Centro especializado en el desarrollo integral de niños y adolescentes a través del deporte.

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