Una mirada a las articulaciones que “ crujen”

Es el estirón hablando.

Por qué las articulaciones de tu hijo/a hacen ruido al moverse ¿— y por qué no es lo mismo a los nueve, a los trece o a los dieciséis años.

Por Dra. Flavia Mansulino Pediatra, Intensivista. Asistente de Cátedra Medicina del Deporte. Diplomatura Medicina Deportiva Pediátrica. Médico AUF.

Donde Medicina y Deporte crecen juntos

En la consulta deportiva pediátrica hay un patrón que se repite con tanta frecuencia que se vuelve invisible: las familias consultan por crujidos articulares concentrados en una franja muy específica de edad. Pero esa franja no es una franja, son tres ventanas distintas, con biologías diferentes y con riesgos diferentes.

La medicina deportiva moderna ya no piensa en "el adolescente". Piensa en tres estadios biológicos definidos por la distancia al pico de velocidad de crecimiento (PHV), el momento en que un chico crece más rápido en toda su vida después del primer año.



El salto más corto de tu hijo

Antes del PHV, durante el PHV y después del PHV son tres mundos distintos. El consenso internacional Delphi 2024 sobre maduración y lesiones en fútbol juvenil lo dice con claridad: un programa preventivo único para todos los adolescentes es un programa preventivo malo para todos. El crujido funciona con la misma lógica.

La pregunta —siempre la misma, en distintas versiones— termina así: "¿Le va a fallar la rodilla? ¿Tiene que dejar de jugar?" La respuesta corta es no.

La respuesta larga importa más. Porque el mismo crujido no significa lo mismo a los nueve, a los trece o a los dieciséis años. Y casi nadie distingue.

V E N T A N A 1 · P R E - P H V · El crujido del crecimiento estable

Aproximadamente 8 a 11 años

Tu hijo de nueve años crece de manera predecible: cinco o seis centímetros por año, sin sobresaltos. Tejidos blandos y huesos van más o menos al mismo ritmo. La gran mayoría de los crujidos en esta ventana son benignos: nudillos que se hacen sonar, mandíbula que clickea al masticar, una cadera que truena al patear.

Lo que sí merece atención en esta ventana es distinto del ruido. Son los talones. Sever — el nombre técnico es apofisitis del calcáneo — es la causa más frecuente de dolor de talón en niños futbolistas Pre-PHV. El tendón de Aquiles tracciona repetidamente sobre el cartílago de crecimiento del calcáneo. El chico con rengera después del entrenamiento, le duele apoyarse, a veces solo de un lado.

Si tu hijo está en esta ventana y consulta por crujido sin dolor, la respuesta clínica es tranquilizar. Si consulta por dolor de talón post-entrenamiento, eso sí amerita una evaluación. La diferencia entre ambos no la marca el ruido; la marca la queja del chico.

V E N T A N A 2 · C I R C A - P H V · El crujido del desfase

12 a 15 años (varones) · 10 a 13 (mujeres)

Esta es la ventana donde escuchamos la mayoría de los crujidos. Y no es casualidad. Es la etapa de mayor vulnerabilidad musculoesquelética de toda la vida deportiva del adolescente.

Durante el PHV, un chico puede crecer entre ocho y doce centímetros en doce a dieciocho meses. El fémur y la tibia se alargan en semanas. Los tendones que pasan por encima — cuádriceps, iliopsoas, cintilla iliotibial— necesitan semanas o meses más para adaptarse. Mientras tanto, los huesos crecen más rápido que los tejidos blandos que los rodean. El sistema queda desfasado.

Eso es lo que escuchás cuando tu hijo se levanta del sillón a los trece años. No es la articulación quejándose. Es una orquesta desafinando porque algunos instrumentos crecieron antes que otros.

El sonido tiene dos orígenes, y ninguno es daño. El primero es tribonucleación: en 2015, un equipo de la Universidad de Alberta filmó con resonancia magnética el momento exacto del crujido y demostró que es una cavidad de gas que se forma en el líquido sinovial. Física, no fricción de cartílago. El segundo es el deslizamiento de tendones más tensos de lo habitual sobre prominencias óseas.

Los números que tranquilizan: una de cada tres rodillas adolescentes sin dolor cruje al doblarse. Casi la mitad de los chicos presenta algún click en la mandíbula. En futbolistas y bailarines hasta el noventa por ciento puede presentar snap de cadera sin patología asociada.

Pero acá la ventana exige una mirada más fina. Porque también es la edad donde aparecen las patologías clásicas del crecimiento rápido: Osgood-Schlatter (dolor y prominencia bajo la rótula), Sinding-Larsen-Johansson (dolor en el polo inferior de la rótula), tendinopatías rotulianas o aquíleas. Estudios en futbolistas de élite muestran que la carga lesional se concentra precisamente en las categorías U15 a U17.

La pregunta correcta en esta ventana no es "¿le pasa algo a la articulación?". Es: "¿hay dolor reproducible cuando hace el gesto deportivo?" Si no hay dolor: es ruido del desfase. Si hay dolor: el crujido puede ser la primera pista de una sobrecarga que merece intervención.

V E N T A N A 3 · P O S T - P H V

El crujido que no podemos pasar por alto

15-16 años en adelante (varones) · 13-14 (mujeres)

Esta es la ventana donde el cuerpo se desacelera. Los cartílagos de crecimiento empiezan a cerrarse. La torpeza adolescente cede. El control motor se consolida. Y, paradójicamente, el perfil de las lesiones cambia.

La evidencia más reciente — un meta-análisis 2025 sobre 28.200 futbolistas juveniles — muestra un patrón que conviene grabarse:

El Problema de la Tracción: Cuando el zapato "Se Clava" Demasiado

Un estudio publicado en PMC en 2025 reveló un hallazgo crucial: las mujeres muestran un patrón de carga más posterolateral que los hombres durante los cortes laterales, y este patrón se exacerba con la fatiga. Esto significa que a medida que avanza el partido o el entrenamiento, el riesgo de lesión aumenta si el calzado no está diseñado para esta mecánica específica.

El problema central es la tracción rotacional. Los tacos diseñados para atletas masculinos generan un nivel de tracción que, en el cuerpo femenino, resulta excesivo. Cuando una jugadora intenta girar o cambiar de dirección, el pie queda "clavado" en el césped mientras el resto del cuerpo continúa rotando. Esta fuerza torsional se transmite directamente a la rodilla.

Los jugadores con crecimiento rápido tienen lesiones relacionadas al crecimiento en Pre- y Circa-PHV. Los jugadores Post-PHV exhiben más lesiones articulares y ligamentarias.

Distintas ventanas, distintas lesiones, distinta prevención. Y por eso el crujido en Post-PHV merece una lectura particular.

En esta ventana, un crujido nuevo, persistente, asociado a dolor o a síntomas mecánicos —sensación de bloqueo, de "se sale", de fallo súbito de la rodilla— no se asume como ruido del crecimiento. Se evalúa con imagen. Es la edad en que aparecen las osteocondritis disecantes, las lesiones meniscales, las inestabilidades ligamentarias. Patologías que sí responden mejor cuando se diagnostican temprano.

La diferencia clave: el crujido que ya estaba desde los doce años, sin dolor, suele ser residual y benigno. El crujido que apareció hace tres meses, asociado a algún episodio o cambio funcional, merece consulta. Es la pregunta más importante a hacerle a un chico de dieciséis: ¿esto te suena hace mucho o es nuevo?

Las dos miradas que conviven

Acá hay un punto donde escucho dos voces opuestas con frecuencia.

La voz del entrenador, muchas veces curtida en la cancha, suele decir: "Eso es del crecimiento, ya se le va a pasar, dejalo jugar". En la mayoría de los casos tiene razón.

La voz del padre o madre protector, atravesada por la imagen de la lesión que vieron en otro pibe del equipo, suele decir: "Hay que parar, hay que estudiarlo". En algunos casos también tiene razón.

Ambas son válidas. Y ambas se equivocan en algo importante. La mirada del entrenador subestima los casos donde el crujido es la primera pista de una sobrecarga. La mirada del padre sobreestima la peligrosidad del sonido aislado y termina restringiendo actividad física en una etapa donde el deporte es justamente lo que está construyendo el sistema musculoesquelético del adulto que tu hijo va a ser.

El reframe más útil no es elegir entre ellas. Es agregar una tercera mirada: el crujido es información sobre la maduración, no sobre el daño. Y la información cambia según en qué ventana esté el chico. Leerla bien requiere preguntar tres cosas: ¿en qué fase está? ¿hay dolor? ¿es nuevo?

Lo que podés hacer esta semana

Si tu hijo cruje y te preocupa, hay tres cosas concretas que ayudan más que cualquier estudio de imagen.

Ubicalo en una ventana. Mirá la curva de crecimiento de los últimos seis meses. Si está creciendo cinco centímetros en medio año, está en pleno PHV. Si los pantalones le siguen sirviendo y la altura está estable, está en Pre- o Post-PHV. Esto cambia todo el resto del análisis.

Preguntale cinco palabras: ¿te duele cuando suena? Si la respuesta es no, podés respirar. Si tiene matices —"a veces", "solo bajando escaleras", "después del partido"— anotalos y consultá.

Distinguí viejo de nuevo. Si el crujido lo viene haciendo desde hace años y no cambió: es parte de su paisaje articular. Si apareció en los últimos meses y se acompaña de algún cambio funcional: merece una mirada profesional.

Lo invisible que el crujido vuelve audible

Hay algo que vale la pena nombrar.

El crujido es uno de los pocos signos que tu hijo te regala sin querer durante el crecimiento. Es la señal sonora de un proceso silencioso pero enorme. Mientras escuchás esa rodilla a los trece años, sus huesos están alargándose, sus tendones se están acomodando, su sistema neuromuscular está recalibrándose para manejar un cuerpo nuevo. Mientras lo escuchás a los nueve, el sistema está estable. Mientras lo escuchás a los diecisiete, la pregunta es si es nuevo o ya estaba.

No es un problema a resolver. Es un proceso a leer en el momento correcto.

La próxima vez que escuches ese chasquido, antes de pensar "qué está fallando", probá pensar tres cosas: ¿en qué ventana está mi hijo? ¿le duele? ¿es nuevo? Esas tres preguntas valen más que cualquier resonancia hecha sin criterio.

¿Querés saber en qué ventana está tu hijo y qué hacer en cada una?

📋 Descargá la guía Semáforo del Estirón SD360: el sistema de decisión que usamos en consulta para ayudar a las familias a leer los signos del crecimiento con claridad — y a saber cuándo es momento de tranquilizar, cuándo de monitorear y cuándo de consultar.

Mirá detrás de cámaras de la consulta deportiva pediátrica

Una vez por semana enviamos a familias de jóvenes deportistas un análisis breve sobre cómo leer los signos del crecimiento, anticipar lesiones y acompañar el desarrollo deportivo con criterio clínico.

Dra Flavia Mansulino – Mujer , hija, madre , esposa , abuela , profesional de la Medicina .

Médica Pediatra Intensivista · Diplomatura en Medicina Deportiva Pediátrica

Posgrado Medicina del Deporte · Staff Médico Selección Uruguaya de Fútbol Masculino

Asistente G2 — Cátedra de Medicina del Deporte, UDELAR

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